Prohibición de las Tasers: cuando la seguridad ciudadana depende de una obstinación letal. Por Diana Cohen Agrest

¿Qué preferirías recibir, una bala de plomo o una descarga de Taser? En un experimento mental, cualquier persona racional, capaz de sopesar los valores en juego, aceptará la segunda opción. Elección irrefutable si la hay, se enlaza con un célebre latinismo, De duobus malis, minor est semper eligendum (“De dos males, debemos elegir siempre el menor”). Elegir el mal menor puede ser el mayor bien posible. Esta lección de pragmatismo nace, curiosamente, en el segundo libro de la Ética a Nicómaco, de Aristóteles. Pero no vamos a hablar de latinismos sino de un instrumento tan discutido como poco discutible, sobre las pistolas Taser, un acrónimo de Thomas A. Swift’s Electric Rifle y marca registrada de la fábrica Taser International.

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